El Glaucus Atlanticus es un molusco nudibranquio. Estos animales pasan su vida flotando de cabeza en el agua, en mar abierto, sostenidos por una burbuja de aire en sus estómagos. Algunas veces el viento los empuja hasta las playas, donde quedan varados. Son pequeños, de a lo más unos 4 cm. Se alimentan casi exclusivamente de aguavivas o “carabelas portuguesas”, Physalia physalis, las cuales parecen medusas pero son en realidad colonias de pólipos.
Las aguavivas, que podeis observar en la fotografía de abajo y como cualquiera sabe, son venenosas: su picadura es muy dolorosa, en algunos casos incluso mortal. Las aguavivas almacenan su veneno en las células de sus tentáculos, específicamente en orgánulos llenos de toxinas llamados nematocistos. Estos contienen además un mecanismo capaz de inyectar el veneno disparando una especie de “arpón” microscópico, el cual penetra en el cuerpo de la víctima en una de las reacciones mecánicas más veloces de la naturaleza, que demora sólo unos microsegundos y genera aceleraciones de más de 40 mil g.
El nudibranquio Glaucus, sin embargo, no sólo se come a las aguavivas: les quita nematocistos y los conserva en unos sacos en la punta de sus cerata, esos apéndices en forma de abanico. Este es su mecanismo de defensa, y es terriblemente efectivo. La picadura del Glaucus es, de hecho, bastante más peligrosa que la de la aguaviva, porque el nudibranquio selecciona para sí sólo los nematocistos más venenosos.
El nombre del género, Glaucus, viene de Glauco, un personaje en la mitología griega. Hijo de Poseidón y la náyade Nais, o quizá de Nereo y Doris, Glauco era ciertamente divino; sin embargo, el mito lo muestra como un humilde pescador. Un día, después de mascar unas plantas mágicas, Glauco se metamorfoseó en un hombre sirena, con melena y barbas color verde alga y una cola enroscada como la de un pez.
